Lo que debes saber de Romeo

Lo que debes aprender de Romeo (Y por qué su «amor eterno» en realidad fue un capricho de tres días con un conteo de bajas digno de una película de acción).

Sin desmerecer el valor artístico de la obra, hoy vamos a hablar del estandarte del amor idealizado, el hombre por el que suspiran los poetas y… el adolescente más emocionalmente desfasado de la historia de la literatura: Romeo Montesco. Todos nos hemos tragado el cuento de que Romeo y Julieta es la historia de amor más hermosa jamás contada. Pero seamos honestos: si hoy un tipo que conociste hace tres horas en una fiesta se cuela en tu balcón a las tres de la mañana a jurarte amor eterno bajo la luna, no llamas a un sacerdote para casarte; llamas a la policía y bloqueas su número.

Hoy vamos a analizar la mente de Romeo para entender por qué su historia terminó en el cementerio. Para entender a Romeo, hay que entender su estado civil cinco minutos antes de conocer a Julieta: estaba despechado. Romeo sufría por Rosalina, una chica que no le hacía el menor caso. Estaba en esa fase de ‘nadie me ama, el mundo es gris’. Romeo no estaba enamorado del amor; estaba enamorado de la intensidad del sufrimiento. Y aquí viene el primer patrón moderno: el clavo que saca a otro clavo. Julieta no fue el amor de su vida; Julieta fue el analgésico de acción rápida para su ego herido. Cuando la ve, se le olvida Rosalina en un microsegundo. Eso no es amor, amigos, eso es una transferencia de hiperfijación.

 La literatura nos dice que la culpa fue del odio entre los Capuleto y los Montesco. La psicología nos dice que la culpa fue de la absoluta falta de tolerancia a la frustración y de una velocidad de relación absurdamente insana. Hagamos cuentas: se conocen un domingo, se casan en secreto el lunes, Romeo mata al primo de su esposa el martes, lo destierran el miércoles, y para el jueves ambos están muertos en una cripta. Toda la relación duró cinco días. No les dio tiempo ni de saber si a uno le gustaba la pizza con piña o si el otro roncaba. El verdadero giro de esta historia es que la tragedia no fue que murieran; la tragedia es que murieron por un malentendido que se pudo resolver con un mensaje de texto. Julieta finge su muerte, el mensajero no llega a tiempo, y Romeo, en lugar de contrastar la información o pedir una segunda opinión médica, decide tomar veneno de inmediato porque su identidad dependía enteramente de su drama romántico.

¿Qué debemos aprender de Romeo en pleno siglo XXI? Dos lecciones:

 1. Cuidado con la velocidad de las relaciones: Si va demasiado rápido, si te promete el cielo en la primera cita, desconfía. La intensidad no es intimidad. El amor real se cocina a fuego lento; el amor de Romeo era un microondas que terminó explotando. 2. No te enamores del obstáculo: A veces nos aferramos a relaciones imposibles o prohibidas (el ex de tu amiga, el casi algo que no quiere nada serio) solo por la adrenalina del conflicto. Romeo y Julieta se obsesionaron porque sus familias se odiaban. Sin el drama familiar, probablemente habrían terminado por aburrimiento en tres meses. Si estás romantizando tu propio sufrimiento y crees que ‘si no duele, no es amor’, felicidades: estás viviendo en Verona en el año 1597. Pero estamos en la actualidad, y aquí buscamos paz, no tragedias de cinco actos.

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