Cuerpo de mujer,
¡Perfecta geometría!
¡diosa del Olimpo!
¡Hechicera marina!
¿Qué mística mano moldeó la arcilla de tu cuerpo,
forjando el equilibrio entre lo cóncavo y convexo?
¿Quién depositó en tu vientre
el potencial de vida que multiplica a la especie?
De la costilla de Adán dicen procedes,
Y se alza mi boca para refutar.
No puede un hombre crear perfección siendo imperfecto,
como no puede el mar crear océanos inmensos.
¡Cuerpo de mujer!
¡Venus de Milo!
¡Musa de Da Vinci y de Botero!
El balance de tus partes te engrandece
y promete conquistar el mundo entero.
En lo alto, la cabeza altiva,
desciende cual cascada hasta el cisne de tu cuello.
Entre cuello y ombligo se ciernen dos montañas,
grandes, inmensas, colosales,
como dos frutos jugosos con propósitos
placenteros y maternales.
A los lados te plantaron dos brazos potentes,
poderosos para combatir todos los males,
con la propiedad de transmutarse fácilmente
en suaves y tiernos, fríos o calientes.
En el fuego femenino de tu boca
han sucumbido reyes e indigentes,
cavidad mortal que abre las puertas
a delicias de cielo o penurias de infierno.
Tus caderas son tenebrosamente misteriosas,
redondas, sin bordes, cadenciosas,
como el suave movimiento de sirenas.
¿Y de la cueva laberíntica de tu sexo?
¿Qué podemos decir si eso es el cielo?
Umbral de la creación, éxtasis eterno,
preludio de pasión y desenfreno.
Puerta de entrada a la semilla,
y de salida a una vida nueva.
Un desgarre menstrual sangriento,
te eleva a la categoría de los dioses, porque
¿Qué puede ser más parecido a un Dios
que una diosa creando vida de su propio cuerpo?
Tus piernas, dos hemisferios que dominan
la parte baja de tu geografía.
De tu cabello a los pies
¡Eres perfecta!
de Miguel Angel una obra maestra,
¡Cuerpo de Mujer! ¡Divina autoría!
Tu perfección te hace inmune a mejoría.
Ninfa pomposa de adorable rostro,
tus virtudes son mayores que tus formas.
No en balde te alaban los poetas,
y te han compuesto alabanzas los autores,
y se han rendido en gentil pleitesía
ante ti afamados señores.
Y llegará el día
en que te alces con tus dones
para aclamar con sublime alegría
la perfecta perfección de tus facciones.

